¡Hagamos Travesuras! Creativos&Medios Weblog, Editor Maynor Cruz


La competencia por «15 minutos de fama»

Una novela de George Orwell de finales de los cuarenta sugería un oscuro futuro para 1984, un ojo omnisciente vigilaba todas las acciones de los ciudadanos, el Big Brother. El futuro de alguna forma nos alcanzó, pero en vez del opresivo universo orwelliano, la acción de controlar y ser controlado, se convirtió en el entretenimiento de moda. Los “reality show”, programas de televisión que presentan a grupos de personas comunes expuestas a situaciones reales, mientras son captadas por la cámara. Este tipo de intromisión no sólo se ha apoderado de la parrilla televisiva, sino ahora, ha dado un nuevo giro para “telenovelizar” acontecimientos noticiosos como el drama de los 33 mineros, hoy celebridades todos.

Para entender mejor el fenómeno, detengámonos en la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton: Se sabe que el evento fue seguido por 2,000 millones de telespectadores.  Los tres canales británicos trabajaron en conjunto. Sólo la BBC contó con 60 cámaras en el interior de la Abadía de Westminster, algunas escondidas en floreros para no llamar la atención. La dirección estuvo a cargo de Diccon Ramsay, productor del popular “reality” de talentos ‘X Factor’. Desde el sitio oficial del casamiento en YouTube más de 18 millones siguieron el evento en vivo.

La pregunta es por qué ese repentino apetito por las experiencias de los demás. Sea por voyerismo, morbo o simplemente, porque vemos en otros el reflejo de nuestras propias pasiones. Rodrigo Escaff, productor chileno explica: “El éxito radica en que hacen despertar las actitudes más siniestras de cada persona, el hecho de competir por lograr algo, sumado a un intenso proceso, hace que los protagonistas olviden las cámaras y olviden que deben vender una imagen de personas bonitas frente al público, transformándose así, en lo que realmente son. Es ahí cuando surgen envidias, trampas, amores, traiciones, al igual que en la vida real, pero más potenciadas”.

El reconocido semiólogo Umberto Eco expone que los participantes en ese tipo programas, han dejado de creer en Dios, y sin embargo, sienten la necesidad de ser vigilados en todo momento. Quizá, simplemente, cuando Andy Warhol declaró que hay «15 minutos de fama» que cualquier persona puede conseguir vaticinó los reality shows.

Maynor Cruz

Creativos&Medios

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